
....íntegramente metático, bien colorido, ruidoso y algo cómico, publicitado como el jeep loco, mas se parecía a un potro y por mucho que el soldado conductor lo intentaba, no lo dominaba y a ningún lugar llegaba, entre complicadas maniobras y cabriolas, el camino recto le era desconocido, buen rumbo no existía y a los saltos se volvía, mas el sufrido soldadito perdía la visión con el casco metido hasta la boca y de conducir ignoraba todo, recobrando la calma solo al terminar la cuerda...que duraba unos cuarenta segundos, y si se accionaba por quinta vez, si aún no se había roto, igualmente ya terminaba la diversión...los movimientos repetidos, casi se adivinaban y cada vez tenía mas ganas de ponerle un hilo y llevarlo por el piso. Pero el jeep loco era un poco frustrante, o andaba a cuerda o no andaba y si esta se rompía bloqueaba las ruedas y no giraban...esto era algo reiterado y esa debilidad mecánica, hace que si por estos días, encontramos alguno funcionando, le demos un valor especial...
Soy el afortunado poseedor de uno, bien antiguo, marca Vispa de Industria Argentina...y los recuerdos hacen equilibrio en las maniobras alocadas del conductor, que aún, luego de varias décadas, no aprendió a conducir y su vehículo sigue siendo un jeep loco....
Autor:
Gabriel Peralta

